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Jorge Drexler cautiva en Pirineos Sur

Jorge Drexler cautiva en Pirineos Sur

Comenzaba la velada con una gran noche con las melodías de Lorena Álvarez inauguró la programación desplegando su particular universo sonoro, a medio camino entre el folk, la tradición y la experimentación.

La artista asturiana encandiló al público con la naturalidad de su interpretación y un repertorio en el que las raíces populares convivieron con una mirada contemporánea.

Era ya el turno para Jorge Drexler volvió a levantar de sus asientos al entregado público que permanencía feliz a orillas del precioso embalse de Lanuza. Una vez mas volvió a certificar en el Festival Internacional de las Culturas Pirineos Sur que es uno de los grandes referentes de la canción de autor en español, con un concierto de exquisita sensibilidad en el que alternó algunos de los temas más queridos de su repertorio con composiciones de su último trabajo, Taracá.

El uruguayo conquistó al público desde los primeros acordes con la cercanía que caracteriza sus directos y una puesta en escena sobria, donde la palabra y la música fueron las auténticas protagonistas. Canciones como Universos paralelos, Movimiento, Todo se transforma, Telefonía o la celebrada Al otro lado del río fueron recibidas con entusiasmo por el auditorio.

Ya para finalizar la terna de artistas Lagartija Nick y Kiki Morente devolvieron anoche a la vida Omega, el álbum con el que Enrique Morente y la banda granadina transformaron la música española en 1996 y que Lanuza ya vivió en directo en 1997. Casi 30 años después, el repertorio recorrió algunos de los momentos más emblemáticos del disco, con interpretaciones de Pequeño vals vienés, Vuelta de paseo, Ciudad sin sueño o Manhattan a través de la voz de Kiki Morente, hijo del cantaor, evocando el espíritu transgresor de aquella obra inspirada en los poemas de Federico García Lorca y Leonard Cohen. Sin caer en la imitación, el concierto rindió homenaje al legado de Enrique Morente desde el respeto y la personalidad propia, con un Éric Jiménez totémico a la batería y Antonio Arias aportando sus afiladas guitarras, constatando así la vigencia de un disco que, tres décadas después, sigue sonando tan libre y rompedor como el primer día.